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23 junio, 2024

Una nueva tendencia en el consumo del vino genera un problema para Argentina

Una impensada consecuencia del cambio climático está modificando los hábitos de consumo y en Francia cada vez menos gente bebe sus famosos vinos tintos. El vino blanco gana mercado, replicando lo que ocurre en otros países. ¿Y en Argentina? ¿Es una buena o una mala noticia que el mundo tome menos vino tinto?

Como publicó Clarín, un estudio de la consultora de investigación de mercado NielsenIQ graficó la crisis histórica del vino tinto en el país galo, con una caída del 32% de las ventas en la última década. Entre 2019 y 2023, en cambio, 192.000 hogares franceses empezaron a comprar vino blanco.

Las principales razones de este cambio tienen que ver con que por el calentamiento global hace más calor incluso en invierno y la gente prefiere tomar bebidas más refrescantes, con lo que el blanco aparece como la mejor opción. También se comen menos platos (y se beben vinos con menos cuerpo) y hay un mayor consumo entre el publico femenino, que prioriza los blancos en su elección.

¿En Argentina ocurre lo mismo? Hablando de la feminización del consumo, claramente la brecha de género se achicó. Ya lo había ratificado un informe difundido por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en 2020: el 61% de las mujeres consumía vino, apenas 12 puntos porcentuales por debajo de los hombres. Como ellos, la mayoría de las argentinas elige el tinto (42%), pero son más abiertas a probar opciones como blancos, rosados o dulces: 29% contra 20% de los varones.

Si se toman en cuenta las estadísticas de Coviar del despacho de vino de los últimos cinco años, los blancos están teniendo un crecimiento en la torta del mercado: se pasó del 25% en 2018 al 28% en 2022. La participación de los tintos descendió del 70,4% al 67%.

La brecha de consumo entre hombres y mujeres se achicó. Y ellas son más abiertas a probar nuevas variedades. Foto: Unsplash.La brecha de consumo entre hombres y mujeres se achicó. Y ellas son más abiertas a probar nuevas variedades. Foto: Unsplash.Es un porcentaje pequeño comparado con lo que ocurre en Francia, y también debe ser leído en un contexto particular. En este período de tiempo hubo variaciones: 2020, el año del boom del consumo por la pandemia, fue el único que quebró el descenso que las ventas de vino vienen teniendo en el país y hubo también un aumento en la participación de la torta de los blancos. Al cierre de este año, señalan en Coviar, habrá un escenario similar.

La crisis del vino tinto, y la situación puntual de Argentina, la expuso hace unas semanas Giorgio Delgrosso, el jefe de Estadísticas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). En un seminario en Mendoza sobre el futuro del vino argentino, señaló que las naciones europeas y Argentina “se encuentran entre los países que más contribuyeron a la disminución del consumo mundial de vino tinto”, una caída global del 15% entre 2007 y 2021.

Las principales razones de esta crisis del tinto, apuntó el experto, son un menor consumo general de vino en los países tradicionales y un cambio en las preferencias al blanco y el rosado.

En Argentina estamos muy lejos de los 90 litros de vino per cápita que se consumían en 1970. En lo que va de este siglo, pasamos de 36,3 litros anuales en 2001 a 18 en 2022, según los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Las razones de la caída sostenida de los últimos años podrían resumirse principalmente en una diversificación de la competencia y en un tema de precios.

Vino vs. gin tonic

Javier Menajovsky es sommelier y fundador de Wine Revolution, productora de ferias como Vinos & Negocios y Alta Gama. El dice que en esos lejanos 70 se consumía más vino blanco, pero que en este auge que hay hoy de “bebidas de refrescancia”, al vino le compiten muchas más categorías.

“La cerveza, los aperitivos, los ready to drink y la coctelería, medianamente sofisticada y simple de hacer en la casa de cualquiera, que se traduce por ejemplo en el boom del gin tonic”, enumera.

Gin tonic, una de las competencias del vino. Gin tonic, una de las competencias del vino. Menajovsky afirma que el tinto “gana en su categoría cuando es lo mejor para la situación de consumo, como un asado o una sobremesa, pero no cuando tiene que competir con bebidas sustitutas en situaciones informales”. Y lo grafica: cada vez más gente arranca el asado con un gin tonic.

“Las bodegas se están dando cuenta de esto y están sacando productos más modernos, de buena relación precio-calidad. No para competir al gin tonic, pero para darle al consumidor una alternativa para momentos en los que estás comiendo liviano y el blanco entra más fácil que el tinto”, apunta el sommelier. La cocina de mar y el fenómeno plant-based son más amigos del blanco que del tinto.

Cuestión de precios

Hay nuevas tendencias pero, como siempre en Argentina, billetera mata galán. Y la caída del consumo de vino está directamente relacionada con el contexto económico. “Es un escenario en el que está cayendo todo. Juegan las variables macroeconómicas y la situación compleja del ingreso real”, admite con crudeza Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), que gestiona la Coviar.

Al analizar puntualmente qué pasa con el vino tinto, Rada plantea que hay que ver cómo está jugando el envase y por ende la calidad: la gran caída ha sido del vino tinto en tetra brick, el segmento más económico. “El tinto en botella cae menos y se mantiene”, apunta.

En el mercado interno, hoy el 75% del consumo es tinto contra un 25% blanco, pero ese porcentaje sube al 85% en el externo. Por eso el especialista de la Coviar dice que hay que “prestar atención a lo que pasa con el blanco a nivel mundial”.

“En nuestros principales mercados, EE.UU., Canadá, Reino Unido, China, se está desplomando la demanda de tinto. En Brasil y México se mantiene, pero uno advierte que en Brasil las importaciones de blanco están empezando a crecer”, detalla.

También está aumentando la demanda del espumante, un segmento en el que a la Argentina le cuesta competir con las denominaciones de origen europeas: el champagne francés, el prosecco italiano, el cava español…

La cuestión del precio, advierte, complica en el mercado internacional. “Hace rato que el tipo de cambio no acompaña, y el resguarde que encuentra el productor es subir el precio en dólar. Pero eso te limita la venta, porque hay países como Chile que son sumamente estables en precio”, cuenta.

Milton Kuret, director ejecutivo de Bodegas de Argentina, también hace un diagnóstico complicado del presente de la industria vitivinícola.

«Por ahora mantenemos el mix tintos blancos en las exportaciones pero el volumen total está en una disminución del 25% respecto del año pasado, en el período enero/octubre. Vemos que hay una tendencia generalizada a la disminución de las exportaciones de los países productores de vinos. A ello debemos sumar nuestros propios problemas macroeconómicos, vinculados a los pagos al exterior de nuestro país. Las demoras en los pagos a proveedores afectan el abastecimiento de insumos. Las demoras en los pagos de comisiones y acciones comerciales a los clientes, afectan claramente a los mercados«, describe.

El vino blanco, desafío y oportunidad

Los vinos blancos argentinos vienen ganando en calidad en los últimos años, como lo demuestran las listas y rankings internacionales donde empiezan a aparecer en buenas posiciones cepas como Chardonnay y Semillón, y no solo Malbec.

«Si bien Argentina tienen un fuerte posicionamiento internacional de la mano del Malbec, las bodegas vienen trabajando intensamente en otras variedades, no sólo tintas, en las diferentes regiones, climas y suelos, tratando de mostrar la diversidad que puede ofrecer nuestro país. En este sentido están sumando variedades blancas que dan muy buenos vinos en todas nuestras regiones. Como concepto general, tratando de seguir las tendencias de los nuevos consumidores que prefieren vinos más frescos, menos alcohólicos, con expresión de la fruta», explica Kuret.

Pero Rada advierte que hoy Argentina tiene un problema para crecer en el segmento blanco y es la superficie plantada, que es mayoría de cepas tintas y que incluso se están reconvirtiendo hectáreas de blanco a tinto o a la tan de moda uva criolla.

Hay una oportunidad y es una cuestión de enfocarse. El éxito del Malbec no fue una cuestión de un día para el otro, sino de ir trabajando desde el cuidado de la viña a los procesos de elaboración hasta terminar en un producto muy bueno. Si uno se enfoca en los blancos, podemos tener muy buenos productos en condiciones de competir con los que exportan por ejemplo Chile o España”, cierra el referente de la Coviar.

AS

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