La viuda de Kirchner fue terminante hace tres días desde su lugar en el mundo, en la calle San José: “Esto es el 2001”. Piensa igual que Eduardo Duhalde, quien –hace una quincena– invitó a Enrique “Coti” Nosiglia para enfrentar la actual crisis, como en 2001, reeditando la asociación política entre él y Raúl Alfonsín, un acuerdo o contubernio que le permitió acceder a la Casa Rosada luego de desalojar a Fernando de la Rúa. Como es hábito, 72 horas más tarde Duhalde presentó un nuevo libro con sus aportes institucionales a la patria, refrescando la teoría de que el entendimiento entre la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista entonces había salvado al país. Sobre todo, a los que ahorraban en dólares.
Prudente, Nosiglia evitó considerar el esfuerzo democrático que le proponía quien fuera el gran barón del Conurbano. Aunque en aquellas horas duras y previas a la caída de De la Rúa se reunían con otros dirigentes del peronismo en su casa, hoy el PJ no es Duhalde, tampoco él controla los despojos radicales y hasta quizás él mismo sea una persona distinta a la de aquellos tiempos. Tiene otra playlist.
“No le alcanza a la Casa Rosada el silencio de Mauricio Macri sobre el escándalo
Esto no les gusta a los autoritarios
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Si bien Duhalde y Cristina se consideran aún imprescindibles y encabezan reflotar el 2001, ese remix no les corresponde solo a ellos: más de uno piensa que, si la historia se repite en círculos, el gobierno Milei navega bajo la línea de flotación y el mantenimiento de la política cambiaria se irá a pique después de las elecciones de octubre. Mucha coincidencia entre economistas, industriales y ahorristas asegura una devaluación (basta observar la compra de dólares) como parte de un cambio económico. O, según ellos, habrá una catástrofe. Sostienen que es prioridad del propio equipo económico, antes que las modificaciones políticas en la administración. Sin embargo, en las alturas del mileísmo consideran que puede ser al revés: seguros cambios en el gabinete hacia diciembre por la partida obligada de algunos (caso Patricia Bullrich) y firmeza total para mantener la línea económica, cueste lo que cueste. “Con la inflación no se jode”, afirman. Nadie piensa en resultados tan desgarradores en los votos, a favor o en contra, que desvíen el ideario de no gastar más de lo que entra. Aunque se reconoce una falla: en lugar de haber aumentado la cantidad de adhesiones legislativas, perdieron voluntades propias, algo inaudito para un gobierno que apenas lleva un año y medio de ejercicio. Y dispone del poder.
Pésimo saldo. Además, tendrá luego de los comicios 24 gobernadores en contra, sin plata para convencer a nadie y con una recuperación económica lenta, fría, casi necesaria para imponer tasas sobrenaturales contra la amenaza del dólar. Intríngulis igual para un gobierno que asimismo ya no puede llamarse bilardista: más bien se pasó al bando de los menottistas. O sea, solo sabe atacar, no conoce las reglas de la defensa. Y si las conoce, carece de inteligencia o jugadores para aplicarla.
Se desvía el cronista hacia el deporte preferido de los argentinos, el fútbol, controlado por unos pocos que disponen de medios periodísticos aunque juran que no son propios. Están en la pantalla del Gobierno, con nombre y apellido en las conspiraciones: es una posible usina de sus desgracias. La AFA tiene ventajas: es otro país, supranacional y, en términos técnicos, controla los dos arcos: cobra penales para una banda o la otra.
La vulgaridad comparativa entre Bilardo y Menotti se aprecia en el “caso Spagnuolo”, un menú para los argentinos de tres platos, postre, café y vino por un módico precio: los defensores siempre llegaron tarde para impedir los goles en contra y menos supieron explicar las declaraciones sobre cohechos que formuló en diversas grabaciones el exletrado de Javier Milei. Más: solo levantó con tardanza un escudo perforado el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, quien ganó puntos a cambio de quedarse en el cargo. Se supone. Un premio para sí mismo: hasta ese momento sabía de las versiones sobre que Cristian Ritondo, en diciembre, reemplazaría a Martín Menem como titular de la Cámara de Diputados, mientras el hijo de Eduardo saltaría al lugar de Francos. Hoy no parece que esa ecuación se cumpla. Hasta pueden naufragar los sueños del titular de YPF, Horacio Marín, quien suele soñar con una llegada a ese puesto a partir de su experiencia empresaria y por una difusión personal bien sostenida en los medios. Apto para defender o atacar, cree.
Igual se paralizó el Gobierno, reinó la incertidumbre, como hoy mismo ante la versión de que nuevas grabaciones complicarían seriamente a Karina Milei en el mundo de la política: hasta ahora, lo que se conoce del locuaz Spagnuolo sobre ella ha sido chamusquina. Aunque le rozó el corazón el disparo del 3% de coima popularizado en las redes.
No le alcanza a la Casa Rosada el silencio de Mauricio Macri sobre el escándalo, que no forma parte de un convenio político: el ingeniero es amigo de Johnny (Kovalivker), el máximo dueño de la droguería Suizo Argentina, con quien comparte pasiones deportivas como el pádel. Transpiran juntos. Curioso el protagonismo de Johnny: heredó y multiplicó el negocio por favoritismo de su abuelo, que hizo saltear las responsabilidades hereditarias hacia el nieto más avispado, corrió al propio hijo, que –dicen– gastaba en nimiedades disolutas más de lo que entraba y pasaba la otra parte de su tiempo ensayando escritura de novelas. No es el único con esas inclinaciones en el mercado de los laboratorios.
Johnny y su adicción a la velocidad y a los Porsche han puesto en el circuito periodístico al country de Nordelta, en particular al prominente barrio La Isla, ya famoso por sus habitantes, los carpinchos y las anomalías delictivas. Quizá compita en el rubro de tobilleras electrónicas con otro de alta gama, en la zona sur, Abril, más peronista que el otro. No aparecieron más droguerías involucradas; sin embargo, hoy varias empresas temen por las derivaciones de la investigación sobre la colega Suizo Argentina, el sistema de precios, la provisión de medicamentos. Hay tres de magnitud y algunas menores que preside un alto funcionario de lo que fue el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, responsable de manejar tesorerías. No tiene paz el mundo de la salud.
En la Casa Rosada, a horas de las elecciones municipales en la provincia de Buenos Aires, en vez de aclarar por qué empeora, comentan que estas denuncias –sin constituir prueba– les preocupan menos que la búsqueda de quienes grabaron al verborrágico y desengañado Spagnuolo, operativo que lleva un historial de varios meses. Rumores de todo tipo sobre la autoría: desde la competencia empresaria, compañías desahuciadas en alguna licitación –o
varias–, incluyendo otros sistemas megamillonarios en los que Johnny incursionó con éxito desafiando carteles (por ejemplo, el de la logística), hasta la oposición del kirchnerismo, por lazos que todavía reúnen a Cristina y sus adictos con servicios de inteligencia que ellos nutrieron y mantienen.
No falta, como corresponde, la culpabilidad atribuida a la feroz interna dentro del Gobierno, a la porfía entre Karina y los Menem contra Santiago Caputo, amo también de recursos y de los espías oficiales. Objetivo: una carrera contra el reloj para desbaratar, políticamente al menos, la hechura de un operativo con estrategia electoral incluida que arrinconó a Javier Milei y les hizo perder entusiasmo a sus seguidores. Habrá que ver la sangría.