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Resistencia
24 junio, 2024

Milei y el camino espinoso del gobierno al poder

Es difícil administrar una derrota. Pero lo es más administrar una victoria. Y ni qué decir si te la quieren administrar los cosos de al lado. Ese es el drama en estas horas del electo Javier Milei.

El desafío a la astucia con la que llegó a la presidencia es para generar respetabilidad y construir autonomía. Lo saben débil los socios en el pacto de Acassuso y sobreactúan la protección.

Es la primera prueba que tiene que pasar, so riesgo de convertirse en el Alberto Fernández de Mauricio Macri. El ex presidente juega fuerte porque conoce la necesidad del nuevo presidente de cubrir cargos para los que no alcanzan los gerentes de empresas amigas.

El piso 21° resiste

El nuevo oficialismo corre contra reloj para impedir que el estado gaseoso del movimiento que llevó a Javier Milei al gobierno entorpezca su camino al poder. La cúpula que sesiona en el piso 21° del hotel Sheraton dispara con prisa fuegos de artificios con información deliberadamente contradictoria. Nombres y candidatos se cruzan en el aire como misiles de fogueo.

Es un intento de distraer los movimientos de sus adversarios de adentro y de afuera. El peronismo perdidoso en las elecciones trabaja contra reloj para capturar precedencias institucionales en las dos Cámaras y en organismos de control. Se mueven en cámara lenta por los efectos del tortazo que fue perder las elecciones por 11 puntos. También por la carrera entre las tribus de la nueva oposición por ocupar los pocos cargos ejecutivos que le han quedado.

Desfile de armas de los «amigos»

Pero en el piso 21° lo que más preocupa son los movimientos de quienes se dicen sus amigos, padrinos y protectores de una fuerza desvalida, que llegó al gobierno por una martingala.

Se trata del arco de gobernadores y legisladores identificados hasta ahora con Juntos por el Cambio, cuyos jefes del ala conservadora pidieron el voto para Milei, pero que contiene también al resto de la coalición que enfrenó al peronismo en la última década.

Ese arco hará su presentación con trajes de luces este martes. Reunirá a la decena de gobernadores del no-peronismo y a los bloques legislativos entrantes. Es un intento de mostrarle a Milei que tiene un ejército dispuesto a apoyarlo, pero también de ponerle límites. En política es ley que hay que cuidarse más de los amigos que de los enemigos.

Pruebas de lealtad

Las salvas de nombres que se dispararon del piso 21° saturaron las pantallas el jueves para resguardarse de las presiones de un PRO dispuesto a ponerle condiciones.

La batucada de nombres para ministerios eventuales era atronadora. Pero desde el piso 21° los altavoces más calificados repetían que los nombres de los nuevos ministerios – Bullrich, Caputo, Reidel, etc. – estaban en consideración pero que no contaban aún con la aprobación de Milei.

Como si el presidente consintiese someterlos a pruebas de lealtad. O como globos de ensayo para medir los anticuerpos que pueden generar en la opinión pública.

En este punto el electo Milei exhibe experiencia en la tarea ejecutiva: el manual indica que el gobernante tiene que ser discreto y cauteloso cuando se juegan nombres. Designar a un funcionario halaga al elegido, pero genera cien postulantes frustrados que odiarán al beneficiario y a quien lo benefició.

Al Pro ya lo tenemos

El respaldo electoral del 19-N a Milei se compone de una base firme e inalterable del 30% de los votos – resultado repetido en PASO y primera vuelta – y un lote de voto prestado.

Mientras no se demuestre lo contrario, ese voto lo proveyó la base de Juntos por el Cambio, que mantuvo la unidad y que identificó en Milei al hombre que alzaba la misma plataforma de sus candidatos desde 2015.

Esta composición del “voto Milei” explica los sobresaltos con que transcurrió la primera semana. Milei no tiene partido, tampoco poderes territoriales ni aliados con experiencia de administración.

El argumento del Piso 21° es que los socios del macrismo de Acasusso les van a votar todas las leyes del cambio, y que por eso deben avanzar en acuerdos para extender su fuerza hacia los bordes del peronismo.

Macri les responde: les vamos a votar las leyes del cambio, pero si no comparten el morral, consíganse ustedes el quórum y los dictámenes y nosotros los seguimos. Pero no nos pidan que ayudemos si no hay repago.

Nos quieren pintar de amarillo

En este punto el único acuerdo con Milei que reivindican los macristas es darle el poder en la cámara de Diputados al PRO en la persona de Cristian Ritondo. Esa cláusula debió acuñarse en la primera reunión de Milei con Macri después de su elección. Lo demás era todo conversable.

Sobre esa base comenzó a tejerse la nueva alianza mileista en la Cámara, hasta que comenzó a navegar el nombre de Florencio Randazzo como competidor para esa dignidad.

Desde el Piso 21° del Sheraton admiten autoría del proyecto, para: 1) disipar la idea que trata de instalar Macri que Milei es un títere del macrismo; 2) aferrar su lealtad con la amenaza de una alternativa, ante los intentos del macrismo de pintar de amarillo a la gestión de Milei.

Mileísmo elástico

El voto del PRO – afirman – ya lo tenemos, pero tenemos que ampliar hacia algún peronismo y ese peronismo lo puede representar Randazzo. El exministro viene de compartir fórmula con Juan Schiaretti en la primera vuelta.

Este intento evoca lo que fue la mesa de Córdoba de 2017-2019, que integró el Gringo con Roberto Lavagna, Sergio Massa, Juan Urtubey y Miguel Pichetto. Ese entendimiento estalló con la migración de Massa de vuelta al peronismo cristinista. Expresaba un peronismo dispuesto a buscar una ampliación que eludiese a la provincia de Buenos Aires.

Desde mediados de la semana comenzaron a circular candidatos provenientes del peronismo de Córdoba, por ejemplo el del Franco Moguetta como responsable del área de Transporte o el de Osvaldo Giordano como responsable del Anses.

El peronismo tiene la llave

Ritondo confía en que tiene el respaldo de lo que ha sido hasta ahora el interbloque, que ya no existirá, pero que jugará unido para presionar por la presidencia de la Cámara y de las principales comisiones.

En los papeles este interbloque tendrá desde el 10 de diciembre 92 legisladores frente a los 105 del peronismo. Este peronismo está más cerca de Ritondo que de Randazzo.

Los negociadores de la nueva oposición son Cecilia Moreau, que comprende massismo y peronismo del resto, y Máximo Kirchner, que representa al cristinismo residual. Para ellos Randazzo es mala palabra.

Si el Piso 21° quiere evitar que le pinten la cámara de amarillo, tiene que imaginar cómo convencerá a los bloques del medio para que respalden a Florencio.

El peronismo entre 2015 y 2019 admitió que el oficialismo de Macri pusiese al presidente de las dos Cámaras. Emilio Monzó presidió Diputados con el peronismo como primera minoría. Federico Pinedo presidió el Senado en las mismas condiciones.

Pero era una concesión ligada a la personalidad de esos dos legisladores. Cuando en 2017 a Juntos por el Cambio se le ocurrió reemplazarlo a Monzó por Ritondo o Diego Santilli, del peronismo, les respondieron: o es Emilio o ponemos a uno de los nuestros. Pinedo se mantuvo en el Senado también por una concesión del peronismo. Cristina de Kirchner avaló su designación cuando hubo que reelegirlo en 2017.

Milei reperfila la deuda por el voto prestado

Milei está dispuesto a comenzar el repago del voto prestado, pero quiere reperfilar esa deuda. Lo ha contradicho a Macri en sus pedidos de que se le confiasen las áreas de Energía y de Justicia.

Ha anunciado funcionarios que pertenecen a otras galaxias, lejanas a las del macrismo – un directivo del grupo Techint, el penalista Mariano Cúneo Libarona. En el minué de los candidatos in pectore figuran Toto Caputo y Patricia Bullrich. Caputo no es hoy Macri. Bullrich conversó en el Piso 21° para que le dieran el área de Desarrollo Social.

Milei habilitó el jueves que circulasen los nombres de Toto y de Pato, pro también dio alguna señal de que un buen candidato a Defensa sería el ex compañero de fórmula de Bullrich, el mendocino Luis Petri.

Finanzas y Seguridad pueden ser las dos áreas más conflictivas del nuevo gobierno. Pone en el bolillero a dos ex ministros de un gobierno que, según el propio Macri, fracasó.

Si terminan en esos cargos pueden ser las víctimas de las primera escaramuzas. Las bajas que se descuentan en el desembarco en la playa Omaha y que pueden caer bajo los primeros disparos del enemigo. Es como si les pidiera otra prueba de lealtad.

Confesiones ante los íntimos

Parte del amateurismo es poner en suspenso ofertas que constan como ya admitidas. Bullrich confirmó a su equipo íntimo en una cena en la noche del jueves que Milei le había ofrecido asumir en Seguridad y que ella se había resignado a aceptar.

Patricia se postulaba para el área de Desarrollo Social, pero el Piso 21° no cedió. Todo político sueña con una caja de reparto para prosperar en su carrera. Tuvo que conformarse con volver a la oficina que ocupó con fortuna entre 2015 y 2019. En ese lapso encabezó las encuestas de imagen del gabinete de Macri, toda una proeza.

Luis Petri, su compañero de fórmula, quedó en la grilla para ocuparse de Defensa. Milei tiene una tarea pendiente frente a los radicales. Alfredo Cornejo hizo punta en ser el anfitrión de la reunión de gobernadores del nuevo oficialismo en la casa de la provincia de la Capital. Petri es un contradictor de Cornejo, que tendrá una ficha importante en el Senado. Lo reemplazará el saliente Rodolfo Suárez. Un cable de poder que buscará cortar para asegurar poder en el Congreso.

Con Ritondo a muerte

El mismo jueves Bullrich le confirmó a Lisandro Catalán, lunga manu de Guillermo Francos, que pelearán hasta el final la designación de Ritondo como presidente de la Cámara. Macri le ha despegado a Patricia la organización del PRO y ya juega fichas para después del 10 de diciembre.

Una de ellas es trabajar para que el diputado Alejandro Finocchiaro, ladero de Ritondo sea el representante del PRO en el Consejo de la Magistratura. Reemplazaría a Álvaro González, para quien hay una vacante en el potente cargo de administrador del Consejo.

El representante del poder Ejecutivo en ese organismo tiene postulante: Martín Casares. Este abogado es hoy secretario del Consejo de Abogados que conduce Ricardo Gil Lavedra. Lo promueve Germán Garavano honrando un compromiso con el Tano Daniel Angelici, que no se fue y aun nos guía.

Sigue el revoleo de sotanas

Hubo revoleo de sotanas con la noticia de que el papa Francisco recibirá esta semana a Alberto Fernández. Había pedido turno hace más de un mes y el Vaticano esperó el resultado de las elecciones para informarlo. Esta visita se hace en medio de cierto malestar ante la información que le atribuyó a Francisco la intención de pedir que la embajadora Fernanda Silva siga en el cargo con el nuevo gobierno.

El Vaticano escuchará propuestas del nuevo gobierno sin intervenir. Si hay algo que molesta en esas alturas celestiales es que le atribuyan al Papa propósitos políticos respecto de la política doméstica

Entre hombres de fe se entienden

Ya lo perdonó a Milei por sus excesos verbales. El nuevo presidente es un hombre de fe que vive un proceso de conversión al judaísmo. Si algo respeta la Iglesia y este Papa ecuménico es a un mandatario que practica la religión. Es una condición de respeto que no se evidencia. Para un creyente no hay nada mejor que otro creyente.

Es cierto que el nuevo gobierno tiene dificultades para llegar al Papa. Diana Mondino hizo intentos para acercar posiciones, pero la conversación entre Milei y el Papa la logró el oculista del legislador Ramiro Marra. Una coincidencia como la que unió en otro tiempo a Bergoglio con Alberto Fernández, en este caso a través de Carlos Cecchi, el dentista de los famosos.

La pelea por la embajada más pía

Como en otros terrenos, el nuevo gobierno le dará precedencia en este caso al PRO, que tiene gente de penetrante aroma confesional con llegada directa al pontífice. Una de ellas es la diputada Victoria Morales Gorleri, a quien Bergoglio le confió responsabilidades ante el macrismo durante años. Estuvo con él hace un mes.

Otro de los nombres de estrecha llegada y a quien hay que seguir es José María del Corral, un ex seminarista que hizo fama como director del colegio San Martín de Tours.

Dejó ese cargo para asumir la conducción del proyecto Scholas Occurrentes, uno de los emprendimientos más importantes de este pontificado. No tiene militancia política, pero en el PRO y en el Vaticano se lo considera un criptomacrista con futuro.

Otro nombre que llegó a aquellas orillas es Paula Bartolo, que compartió militancia con Guillermo Francos en el Partido Federal y que trabajó en la fiscalización del voto Milei y también quiere facturar.

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